lunes, diciembre 08, 2008

LECCIONES DE LA TELETON





A la hora de los balances, esta Teletón nos deja una enorme experiencia después de los más sorprendentes aportes registrados en la historia de esta institución. Estábamos acostumbrados a sorprendernos con cifras con un par de cientos y eso resultaba ya impresionante, nos resultaba entonces difícil suponer o esperar que esos números fuesen fáciles de superar, mucho más lejos quedaba la idea de pensar que simple ciudadano alguno, pudiera hacer aportes siquiera cercanos a los que las grandes empresas podían realizar.
Estos mega aportes como se les a denominado por algún medio, nos dejan marcando ocupado, a la luz de estos hechos, queda la impresión que las tan vistosas empresas que llevan el sello oficial de la campaña finalmente aportan una bicoca, es más me queda la sensación que realmente no aportan nada, simplemente son recolectores del delta que generan las ventas abultadas producto de la campaña. Más si le sumamos que para realizar estos aportes, realizan sendas campañas llenas de rostros archi conocidos que van gratis, todo sea por la Teletón,
“Houston, tenemos un problema”. Vinieron dos bacanes y nos dejaron como chaleco de mono, tanto así que hasta los 500 millones del Banco de Chile parecen una cagada, Si señores, las compañías de la teletón se han beneficiado gigantescamente por estar aliadas a la causa solidaria y apostaría que les sale barato. Bueno esta es la empresa chilena. Fiel reflejo del modelito que construimos, ultra calculadores a la hora de sumar y restar, la empresa no se emociona, no tiene sentimientos, por tanto solo calcula.
La tesis del país solidario no la compro ni por un segundo, el “dar hasta que duela” tampoco. Los poderosos chilenos tienen una bajísima tolerancia al dolor, sobre todo si se trata del bolsillo.
El país con uno de los desequilibrios en la distribución del ingreso más pronunciado del mundo, la nación más segregacionista de América y con una de las sociedades más rígida en movilidad social, difícilmente puede ser muy solidario, pero bueno, son de aquellas cosas que nos encanta creer, es la negación de una realidad cruel, un discurso “oficial”, para creernos el cuento, ese por el cual a toda costa queremos sobresalir en el concierto mundial.
Me gusta la teletón, la he visto en muchas ocasiones también al igual que muchos me conmuevo y en muchas oportunidades he aportado, creo distensa a los chilenos y nos pone como en pocas ocasiones a todos en la misma senda, por cierto como buenos chilenos, las veredas no se confunden, los con menos ponen más y los con más ponen menos; pero como dije, me gusta la teletón, también nos enseña y en esta ocasión en particular, nos enseñó que nos falta mundo, educación integral, solidaridad, desprendimiento y nos sobra: ingenuidad, egoísmo y desconfianza.


A la hora de los balances, esta Teletón nos deja una enorme experiencia después de los más sorprendentes aportes registrados en la historia de esta institución. Estábamos acostumbrados a sorprendernos con cifras con un par de cientos y eso resultaba ya impresionante, nos resultaba entonces difícil suponer o esperar que esos números fuesen fáciles de superar, mucho más lejos quedaba la idea de pensar que simple ciudadano alguno, pudiera hacer aportes siquiera cercanos a los que las grandes empresas podían realizar.
Estos mega aportes como se les a denominado por algún medio, nos dejan marcando ocupado, a la luz de estos hechos, queda la impresión que las tan vistosas empresas que llevan el sello oficial de la campaña finalmente aportan una bicoca, es más me queda la sensación que realmente no aportan nada, simplemente son recolectores del delta que generan las ventas abultadas producto de la campaña. Más si le sumamos que para realizar estos aportes, realizan sendas campañas llenas de rostros archi conocidos que van gratis, todo sea por la Teletón,
“Houston, tenemos un problema”. Vinieron dos bacanes y nos dejaron como chaleco de mono, tanto así que hasta los 500 millones del Banco de Chile parecen una cagada, Si señores, las compañías de la teletón se han beneficiado gigantescamente por estar aliadas a la causa solidaria y apostaría que les sale barato. Bueno esta es la empresa chilena. Fiel reflejo del modelito que construimos, ultra calculadores a la hora de sumar y restar, la empresa no se emociona, no tiene sentimientos, por tanto solo calcula.
La tesis del país solidario no la compro ni por un segundo, el “dar hasta que duela” tampoco. Los poderosos chilenos tienen una bajísima tolerancia al dolor, sobre todo si se trata del bolsillo.
El país con uno de los desequilibrios en la distribución del ingreso más pronunciado del mundo, la nación más segregacionista de América y con una de las sociedades más rígida en movilidad social, difícilmente puede ser muy solidario, pero bueno, son de aquellas cosas que nos encanta creer, es la negación de una realidad cruel, un discurso “oficial”, para creernos el cuento, ese por el cual a toda costa queremos sobresalir en el concierto mundial.
Me gusta la teletón, la he visto en muchas ocasiones también al igual que muchos me conmuevo y en muchas oportunidades he aportado, creo distensa a los chilenos y nos pone como en pocas ocasiones a todos en la misma senda, por cierto como buenos chilenos, las veredas no se confunden, los con menos ponen más y los con más ponen menos; pero como dije, me gusta la teletón, también nos enseña y en esta ocasión en particular, nos enseñó que nos falta mundo, educación integral, solidaridad, desprendimiento y nos sobra: ingenuidad, egoísmo y desconfianza.

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